Al fin y al cabo, tener(nos) .

Unknown

Dicen que somos lo que pasa mientras buscas que pase algo. O,¿no?. No, quizá no era así, pero me gusta, puede que, a fin de cuentas, sea algo parecido.

Me engañaré. Diré que ya no busco ni sonrisas, ni tardes sin prisa. Ya no busco tus manos enredadas con la mías, ni tu boca que me deje sin palabras. Tus palabras que callaban para que yo hablara, tus ojos que miraban lo que yo callaba. Ya no busco los silencios tan certeros, mi cabeza en tu hombro, tu caricia en cualquier sitio. Noches que siempre eran noches buenas, si las pasábamos al calor de la hoguera, entre vinos y sentidos, porque dejábamos de ser tu y yo, porque ya éramos un nosotros. Y, claro, ya no quiero buscarlo, pero quiero encontrarlo.

Quiero encontrarte en las cenizas de la hoguera, recordando cuando todavía era fuego, queriendo que vuelva a protegernos.

Yo me engañaré, dejaré de buscar(te),dejaré de esperar(te), volveré a tener(me).

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Nunca poder perder.

Que triste que el mundo se haya vuelto tan cuerdo que ya no sueña con imposibles y ni siquiera con locura. Existen más quiero y no puedo, que puedo porque quiero.
Estamos inmersos en un gran mundo con miles de corazones que laten por la obligaron de seguir viviendo y no por querer vivir un día más en un abismo de locura, que no promete nada, pero lo da todo. Queremos más artistas que desnuden su corazón, para que el mío llore de emoción y ría a carcajadas, cuando encuentre palabras que, un Lorca, un Neruda o un Machado, unieron sin querer y hoy te dejan sin aliento. Que bonito cuando los niños todavía no han creado corazas y dicen lo que piensan, sin pensar lo que dicen; pero que triste que perdamos esa inocencia por miedos que no queremos perder. Y es que, claro, que bien se vive en la comodidad de la tranquilidad, porque si no arriesgas diez, no ganaras veinte, pero tampoco perderás. Bueno, y así nos hemos convertido en una especie que se conforma por miedos y huye con corazas, que ríe por no llorar y no por felicidad, que se queja porque llueve pero luego quiere la cosecha. Que no sabe lo que tiene, porque prefiere no tener nada para, así, nunca poder perderlo.

Nuestro día son todos los días.

Feliz día, pequeña. 

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Digo pequeña, porque te gustó ser pequeña luchando con(tra) la grandeza del mundo, que para nada te ayudaba.  Pequeña, porque prefieres serlo y soñar en grande, que ser tan grande que no puedas soñar como un niño. Soñar y luchar para conseguir. Soñaste. Soñasteis. Conseguisteis, conseguisteis mucho. Por eso, gracias pequeñas mujeres trabajadoras, gracias porque ahora yo me puedo sentir grande, libre y luchadora. Porque, yo, ahora, me siento orgullosa de rodearme de grandes mujeres trabajadoras. Porque yo también quiero ser como vosotras. 

Entre el tarde y el ahora.

Entonces entendí que “tarde” y “ahora” no coinciden solo en el número de letras. Que nos equivocamos cuando queremos mirar el presente con ojos de pasado y mirada al futuro, pues ya existió un futuro desaprovechado.
Que el segundo beso nunca será como el primero, y ya me cansé de comprobarlo. Porque tú sigues siendo tan tú y yo ya no seré la que fui. Porque se conoce más de lo se quiere conocer. Da miedo y deja de gustar.
Y aquí seguimos, entre “lo que no fuimos” y “lo que nunca seremos”. Ahora. Tarde.

Cada clavo en su lugar

Tan bonito es el querer sentir, como el dejar de querer para volver a sentir. Sentir volver al principio; las segundas oportunidades, que nunca fueron buenas, pero siempre esperadas; nuevas personas, nuevos sentimientos, nuevas experiencias, en definitiva.
Soy de esas que se niega a pensar que “un clavo saca otro clavo”. Tengo la experiencia de que este puede clavar, todavía más, el anterior. No, no saldrá, ni maldita la falta que hace. Para qué sacar algo que un día decidiste clavar, bien fuerte, además.
Por eso, cuando decides que merece la pena querer, sabes que se clavará. Allí quedará. Y, maldita sea, orgullosa de cada uno de esos clavos, de los siguientes y de todo aquello que haga sentir que existe un volver a empezar.

Por qué no volvemos.

Palabra de Risto

Artículo publicado el domingo, 12 de Octubre de 2014 en ElPeriódico.com

risto12-10-14 Il·lustració de Leonard Beard

“Por qué no volvemos. Recuérdamelo, por favor. Por qué no nos queremos de vuelta, de segunda mano o de ocasión. Por qué. A ver, si es que había tantas razones, es que te juro que las había. Es que hasta las llegué a apuntar en algún sitio. Y ahora va y no las encuentro. Justo cuando más las necesito. Justo cuando sólo recuerdo todo aquello que juré olvidar. Así que si no te es mucha molestia, recuérdame por qué no nos dejamos de hostias. O por qué me las sigo dando yo.

Por qué no volvemos. Por qué me despierto y lo primero que hago es pensar en tus fotos. Pero si las metí en el fondo del cajón ese que ya ni abro. El de las cosas perdidas aposta. El de los recuerdos que…

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ELLOS.

Dicen que los recuerdos se forman de momentos y personas. De lugares y sonrisas. O de personas que en el momento indicado deciden sonreír y hacer que la vida sea un poco más real, una pizca menos sería, algo mejor. Esto es tan cierto como dificil encontrarles, pues dicen que lo bueno tarda en llegar. Y cuando llegan y te sonríen, irremediablemente lo harás, disfrutarás, vivirás creando recuerdos.

Nunca jamás.

Y no creí en la magia hasta que le conocí. Desde entonces Peter Pan, cada noche, vuelve a mi ventana y me conduce, nos conduce, hacia el país de nunca jamás. Aquel lugar donde volvemos a ser niños, donde los besos vuelven a ser besos y los “te quiero” son la realidad soñada. Y ya no sé si vivo lo que soñé o, simplemente, vivo un sueño permanente, pero puedo asegurarte que cada noche quiero volver al único lugar donde tú y yo podemos ser tú y yo, nuestro país de nunca jamás.